martes, 15 de julio de 2008

A esta hora de madrugada

A esta hora de madrugada
voy tragando calles
sin poder sostener mi alma.

No hay faroles viejos,
ni alcantarillas donde esconder
tristeza, tristeza,

genial tristeza.

Tristeza suave como niebla,
implacable como el amor.

A esta hora
bajo escaleras,
volteo por esquinas.
Mis pasos son escuchados
por gatos flacos
maullando la nada.

Me observan.

Mi piel cambia
desaparece.
La golpeo,
vuelve a golpes.
Estiro mis dedos,
el estomago acomoda
gases imaginarios.
Mi boca es un bostezo
Siguirè durmiendo.

Usted, sí usted
Vaya a dormir
Le presto mi esquizofrenia mental,
es leve de repente le hace perder.

Pero:
¿perder qué?
Venga, dígaselo
al oído a la pared,
al techo,
a una esquina.
Tendrá usted
algo que confesar.

Si claro todos tenemos
eso,

eso que se llama
conciencia, esa conciencia
altanera, orgullosa,
algo pedante que,
nos pone de rodillas
para nosotros buscar
alguna redención oscura,
gris,

algo apestosa.

Buen sueño,

sigo durmiendo.

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