domingo, 6 de marzo de 2011

Cápsula y Opium

Me siento de piernas cruzadas, calcetines arrastran marcas en mi piel, reloj muerto no da hora, más da recuerdos al marcar idas y venidas de fantasmas no inventados que cruzaban hacia mi habitación al escuchar himnos mortuorios, he calculado,medido,sentido, la velocidad de mi cuerpo hacia el cemento disfrazado de gozo.

No tomo café.

Cierro la puerta.

Cierro cortinas,cortinas en un tiempo, ahora son algo quemado por el sol, sombras se miran en el piso como reflejos de un cielo ausente,como siempre no hay mucho que mirar, la penumbra vuelve al sitio, algunas velas son testigos al ser derretidas con el frío de mi regazo.

La manta sobre mi cama esta sin arreglar, almohadas callan, nada se mueve, me dibujan sombras sobre la pared, camino,recorro,vuelvo a caminar y recorro, no quiero dormir pero me recuesto, no quiero pensar,pero,divago, no entiendo tanta cosa sencilla, ni que pasa.

Me levanto, camino, llego a la cocina, enciendo la luz, no hay cucarachas, la limpieza es firme, tengo hambre, abro la nevera he sacado algunos víveres vencidos para la basura, algunos otros se pueden comer.

Ahora a esta hora quizás la hora perfecta se desvanece, pero no, ¿Por que no? Porque no practico a ser mi propia muerte, ahora el reloj esta serio cobra vida, retumba campanadas, también me pongo serio hay un telón que se abre, lo dejo caer, una solitaria silla me sonríe.

Se oyen los buses en la Vía España, hay algunos pasajeros que van donde vienen.

Respiro, pienso en mi madre; Cuantas veces pueda pensarla, miro al vacío jalo sus faldas para que no se vaya, la miro, doy un salto, entro en su foto, siento el aroma de su amor, acaricio sus cabellos.

Nuevamente soy hijo.

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