lunes, 2 de diciembre de 2013

Un quizás

No eran las tres de la tarde, tampoco las cuatro, era la hora en que los aretes colgaban de la luna,
era la hora, esa hora, donde  no habían palabras enteras, donde escribir era inútil, escribir, escribir, escribir: Ya no es llanto, tampoco lamento.
¿ Para que escribir, para que
hacer un lienzo de melancolía ?

 Así eran las palabras del aquel personaje , ese que solo  dedicaba sus impulsos de escribiente a la tristeza, esa tristeza que no era química, que eran caminos ilustrados melancólicos.

Oh dulce fantasma que sujetas mis manos,
no dejando irme con libertad de cantar
de ensimismarme con la demencia escogida
sin grilletes grises, sin maldiciones silenciosas,

¿ Fantasma ya no crees que lo suficiente llego a mi alma?

Abriré mi pecho, dejaré mi corazón flotar tal cual gorrión que lucha contra la tormenta, buscando algún paraje, donde, donde, donde, donde, colgarme al sol.

De prisa, ya queda poco dormiré pronto, sabré que eres tú quien toca a mi puerta,
te dejaré entrar,
porque ya no estaré,
deja un beso en la cerradura, quizás se abra la puerta, quizás no es suficiente el amor que profesas.

¿ Que más da?

El poeta sigue vivo.

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