domingo, 9 de diciembre de 2007

Noche

Esta noche el cansancio es solo mío, lo guardo en la funda de mi almohada.
Esta noche no hay bailes, el alma esta quieta.
La oscuridad de mi habitación hace que mi vista mire màs, y que mis sueños sueñen conmigo.

Esta noche es de noche y la sombra me avisa.

El campanario de mi barrio esta abierto, como mi mente que no piensa.

Ahora aprendo. Aprendo màs a verme por dentro.


Se abre una ventana donde mis ojos son dueños, extraños visitantes de un interior que no se atreve a màs, cuando él es un rey de paso.

Esta noche sigo. Sigo màs de lo que quisiera, pero estàs tu, sin poder verte, ni tocarte.
Mis brazos se extienden y no llegan a ti. Llegan al agua salada, que me quita la sed, la angustia de no tenerte, y las ganas de lamer la tierra, montar un árbol, volverme semilla en tu piel.

Es árida la noche.
Maldito el canto del búho taciturno del pueblo.

La cantina se abre, pero no bebo.
De tu silencio bebo y me hace débil. De tu boca bebo y no me embriaga. De ti bebo, todo bebo de ti.
En mi carne nacen espinas con flores.
¿Qué puedo contarle a la noche que me hace cerrar los ojos; qué haces de mi vida en esa calma que no celebra?

¿Qué digo?

Acerca tus labios a los míos, guía mis palabras, porque he quedado mudo.

El sudor corre por mi espalda, corre viejo, amarillento en la estafeta pequeña de la catedral en San Felipe, donde los pescadores hacen de una limosna, la fortuna que sale del mar.

Ayúdame a platicar con mi noche, porque he circuncidado mi boca.
Ahora mi sangre es roja, más roja que la tuya.
Y,... nada pasa.

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