martes, 14 de julio de 2009

Bienvenida

Regresaste con la marea,
olas brillantes de luna,

regresaste con labios rojos
caminar pausado,

miré despacio como ave nocturna,
con vuelo en cadencia,

laboré tu recuerdo
por fin llegaste donde mis brazos empiezan a cubrirte,

ven gaviota mía,

ven dulce prisma;
irradias tanta luz
que la noche se desliza entre cálidos susurros de amor,

ven sientate conmigo
te contaré de mis viajes,
aventuras,
de lo mucho que te extrañè.

Nunca dejé de amarte,

ahora que miro tus ojos
más de nuestro amor,

dame de tus besos,
te doy de los mios,

de aquí a lo eterno
solo podré vivir amándote.

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

No sé porque vengo a tu casa desprovista de memorias conmigo.
Vengo envuelta en traje de cebollas, escondida en el último pétalo de un girasol.
Las rosas no unieron nuestra sangre atravesando el amor con sus espinas.
Nunca caminamos de la mano
pero estoy sola, sin Él, sin mí y me ahogo.
Tu sigues ahogado en las Anas, dando docenas de rosas frígidas...
II
Vuelvo parásita a esta casa robada.
III
No puedo escribirle.
He roto el sagrado libro del amor con mis uñas agotadas;
no puedo llamarle, porque ensordecio de mi voz, ni puedo buscarle, porque desconozco sus sandalias y el polvo en sus huellas.
Retorno aquí, y aquí está tan frío y solitario, apenas creo oír un piano y alguien que habla muy quedo.
Vuelvo, porque en este coro gris cantan himnos al amor ausente y conozco esos cantos de memoria.
Me ahogo.
El ahogo se hace intenso,
más ahogo.
Me ahogo y caigo.
Debo dormir. Necesito el abrazo.
Mañana
quizás
vuelva
a
navegar
en
tu
médula.

15 de julio de 2009, 23:08  

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