martes, 7 de enero de 2014

Sin mucho que decir (morí)

Bordeo mis pensamientos bajando por la cintura, alimento mi cordura con la demencia que no baja que se queda,  quiere saltar,

en tiempos habían letras caprichosas bajo un pan seco sin café porque café no tomo pero tomo aliento entre el alma , muertes que acechan,

muevo la cabeza conversando con el mismo espejo entre el reloj que camina sobre el mimo que fallece cuando sonríe, que revive cuando llora,

a veces de repente recuerdo mi nombre, recuerdo el nombre de la calle que parió mi dolor bajo un farol viejo, bajo un árbol marcado de arrepentimiento,

no sé al escribir:

La razón de la melancolía que nace en cada letra que más que fluye se atraganta donde la ceguera no se vuelve oscuridad se vuelve nada, porque la nada soy yo,

aplaude un canción a  la señora de la esquina que está en la soledad junto a sus telas de arañas que tanto las cuidad porque es lo que le queda, quedando, queda, quedando extrañada cuando entra  a su habitación y solo hay espacio, ella dibuja un muñeco que cobra vida, conversan y desaparecen los dos.

Ven siempre te pido que vengas, pero busco y estás pero busco y no estás.

¿ Por que me habéis dejado?

Sigo escribiendo, sigue el escribiente, siguen los caminos, pero sigue, que camino caminando, camino caminando.

Si lo sé morí ayer, también morí mañana, anda bailemos un ritmo, algún flamenco zapateado, hagamos ruido que también los fantasmas hacemos ruidos.

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