viernes, 7 de febrero de 2014

Prisma y olvido

Vuelan los cuervos al anochecer entre nubes, lo negruzco danza,
campanas con el viento silban, silban una ausencia desconocida pero, buscada.

Mientras algún escribiente olvida escribir, olvida su nombre, olvida sus amores,
rasga sus dedos, esos dedos, aquellos dedos, que trazaron historias simples, historias desconocidas, historias, historias olvidadas.

Se asoma al ojo, se asoma al ojo el derrame de una lágrima que no cae por dentro, que se esconde por fuera, que muere en la oscuridad de una mejilla cualquiera, de un pensamiento suspendido sin validez alguna.

Vuelan los cuervos esta noche, vuelan con la cara tapada por el velo, aquel velo que vuela con los cuervos para decirme adiós entre mi habitación cerrada de mi muerte prematura, cómplice de tantos llantos que el silencio tragó conmigo.

Déjame aquí dulce  posa en mis labios el néctar de la despedida, vámonos en silencio como amantes que se aman, como cielo desnudo.

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