lunes, 3 de noviembre de 2014

Silla

La silla, es la silla, silla sentada que espera, espera, espera ser esperada, genialidad inmaculada un trozo de palabras que no dicen, que callan, es la silla, la silla la misma silla,
hay una turbia de sombras que pelean por la silla, es mi silla, la silla es mia, tiene mis nombres, los nombres que tienen son los mios, tienen  un punta de acero la huella de sangre sangra, sangra la sangre que sangra es la mía, se cortò la sangre en la silla, no hay demencia sin muerte, hay que estar demente para morir, quiero la silla es la mia, hay una turbia se sombras que hacen tocar campanas, las oigo es música lejana, de donde llega la percibo, pedir disculpas no es lo mismo que ofrecerlas,

està la noche en la hoguera, no se si es esta la noche, que espero, pero aquí tengo la silla con la punta de acero que no sonríe, miro de cerca la mujer libélula que engaña la palabra del poeta, es aquel es ese el insecto poeta que nació de la silla,

Hay que estar demente para morir.

¿ Madre eres tu?

Extiendes tu mano para salvarnos del  fracaso, fracaso nuestro, fracaso mio,
no tengo tiempo para esperar tu respuesta, oigo venir galopes de caballos sobre mi alma,

no quiero irme sin antes despedirme, no creo que toque tu puerta, porque estoy ciego,
mi olfato no me sirve, ni mi corazòn respira,

quizàs podrè ver un girasol e inventarè que somos los dos.

Necesito dormir mis muertes, ya encontrè el lugar, no hay caramelos, ni algodones de azúcar.

Hay que estar demente para morir.




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